La mala pata quiso que Ernesto se lesionara justo cuando iban a empezar las vacaciones. TenÃan alquilado el apartamento en la playa y su mujer, Paula, llevaba meses esperando ese momento, por lo que ambos coincidieron en que serÃa de necios perder aquellos dÃas. Cuando Ernesto se restableciera, irÃa en tren para allá. Además, Paula se quedó tranquila al saber que su hermana mayor cuidarÃa de su marido. Nadie mejor que una fisioterapeuta para el quejica de su marido.
Ernesto y Paula llevaban casados casi diez años, pero parecÃan veinte. A base de rutinas y de costumbres, habÃan enterrado la pasión casi por completo y por eso apenas su vida sexual se componÃa de los achuchones necesarios para satisfacer momentos puntuales de ganas, provocadas casi siempre por estÃmulos externos.
Ernesto era un hombre de principios y como Paula habÃa sido su única mujer y no era un hombre de riesgos ni de imaginaciones, nunca le habÃa sido infiel. Incauto, no sabÃa que, por el contrario, Paula cubrÃa a menudo sus necesidades fuera de casa y eso Mónica, la hermana de Paula, bien lo sabÃa, que para eso era su principal confidente. Por más que ella solÃa aconsejarle que no buscase aventuras que a la larga acabarÃan siendo descubiertas, podÃa más el morbo y las ganas de sentirse deseada, por no decir que las puntuales aventuras sexuales (con el monitor del gimnasio, con un compañero de trabajo, incluso polvos de aquà te pillo, aquà te mato más arriesgados, como con unos vendedores de enciclopedias –con los dos, en lo que fue su primer y único trÃo– e incluso con un desconocido en una discoteca) le otorgaban unos orgasmos que con Ernesto ni se acercaban.
Hay que decir que Ernesto ha perdido casi todo su pelo aunque no llega a los cuarenta. A pesar de que se mantiene moderadamente en forma, la tripa abulta más de lo que a Paula le gustarÃa; lo peor para ella, de todos modos, es que por más que ha intentado que se depile, sigue con esa maraña de pelos por brazos, pecho y piernas y ella odia ese tacto como de oso. Para acabar con la lista de cosas que Paula cambiarÃa de su marido, ha dejado las lentillas hace algunos años y las gafas le avejentan todavÃa más. En vez de tres años, parece que les separan casi diez, porque a los 35, Paula se siente más deseable y atractiva que nunca, gracias en parte a su forma fÃsica y en parte a esos deslices que la hacen rejuvenecer (porque ella negará taxativamente que se haya hecho retoques en sus pechos firmes y turgentes y en su rostro terso). Eso sÃ, quiere mucho a Ernesto (y a su acomodada posición económica) y no se plantea el divorcio. Además, sabe que él le es fiel y eso le otorga una cierta ventaja mental.
Asà pues, han pasado casi diez dÃas desde que Paula se marchó a la playa y él y su cuñada se asan en Madrid porque el aire acondicionado encima no va. Él ha tratado de que Mónica se vaya a su apartamento, pero se ha encontrado con que se niega en redondo. Hasta que no deje las muletas phim sex, no se permitirá dejarlo y aunque pasa muchas horas solo porque ella tiene que ir a trabajar, se siente responsable de que le pueda pasar algo, y más cuando Paula le dice que ha conocido a un socorrista y está coladÃsima por él. Tanto, que se lo lleva al apartamento y hace con él todo lo que le pide, incluso sexo anal.
Pobre Ernesto, que no se imagina nada. Una noche de viernes, a casi 30 grados a las nueve de la noche, después de haber cenado y haberse alargado con los postres y el ron, Mónica le pregunta si nunca le ha sido infiel a su hermana. Trata de ganárselo jurando que no le dirá nada, pero opta por creerle cuando le jura y perjura que no.
A alguna página web porno estarás enganchado, trata de sacar una breve compensación. No, no. Te masturbarás al menos alguna vez. No, no suelo. Si estos diálogos no les produce rubor sin duda obedece a que ambos han bebido de la cuenta. En una de estas, Ernesto le pregunta si Paula le pone los cuernos. Aunque trata de mentirle, algo se huele y acaba confesándole que sÃ, que alguna vez se los ha puesto. La confirmación, no obstante, le deja trastocado y siente que el mundo se le echa encima, con lo que ese fin de semana recae de su dolencia en la espalda.
Mónica procura que Paula regrese visto el empeoramiento, pero está enchochada con su socorrista y no hay manera. Si en los últimos meses se habÃa sentido más cercana a su cuñado que a su propia hermana por esa manera suya de ser tan bondadosa y gentil, ahora simplemente siente que el suyo no sea un cuerpo atractivo. Ya con 42 años y dos hijos, no podrÃa ni aspirar a conquistarlo, por más que (aunque le avergüence reconocerlo) ha estado intentando seducirlo con masajes en bikini. Se mira al espejo y no le extraña: ni rastro de cintura, una flácida tripa amenaza con descolgarse como parece que van a hacer sus grandes pechos, le sobran casi diez kilos... Al final, ella también se deprime y no le pasa desapercibido ni a Ernesto, que suele ser poco perspicaz en sentimientos ajenos.
Durante el masaje vespertino, de espaldas a ella (si no, no se atreverÃa a preguntarle por asuntos personales), trata de averiguar lo que le pasa a su cuñada, pero a duras penas le saca lugares comunes sobre lo descontenta que está de su fÃsico. Trata de negar que esté mal, vieja y gorda, pero entonces Mónica le suelta que le ha estado haciendo masajes en bikini para tratar de seducirlo en vano porque ni se ha inmutado, asà que no le venga con esas. Ernesto se siente un poco abochornado, aunque no sabe por qué. Argumenta que es un tanto distraÃdo y ahora que se ha girado y Mónica le amasa la rodilla, se fija más en ella y en su bikini violeta. Un triángulo que, pese a no estar muy ceñido, deja bastante visible su raja; y la parte de arriba, con tirantes webcam xxx que se anudan en el cuello, que muestran un par de melones considerables. Por primera vez en mucho tiempo, siente una terrible erección.
Mónica se alegra tanto que deja el masaje y se dirige a la toalla donde es inevitable el bulto que surge. Ella hace bastante que no moja (estar divorciada y tener casi siempre a los niños no ayuda) y ni piensa cuando acaricia su polla por encima de la toalla. Ernesto está muy violento, pero la excitación se ha apoderado de su parte racional y prejuiciosa. De repente, Mónica le parece la encarnación de todas sus fantasÃas, mujeres tipo Rubens, rollizas, entradas en carnes, con abultados senos. El par de veces que acudió de putas (antes de conocer a Paula), eligió a gorditas con tetazas colgando.
Cuando se funden en un apasionado beso, las hormonas de ambos se han desatado, como le desata el nudo del bikini por detrás Ernesto a Mónica para amasar, apretar, estrujar y besuquear esos melones coronados por un par de pezones marrones considerablemente hinchados. Por su parte, Mónica le ha despojado a Ernesto de la toalla y juega con su sexo, moviéndolo de arriba abajo antes de comérselo enterito. Ernesto ve las estrellas cuando encima le lame los testÃculos y se corre cuando, de pronto, Mónica le mete un dedo en el culo. El semen le rebosa la boca a Mónica, pero no quiere perder la ocasión de tragárselo todo.
El beso que sigue a esta corrida dice mucho del grado de excitación de ambos. Ahora me toca a mÃ, le dice Ernesto, que insta a Mónica a subirse a horcajadas delante de su boca. Aunque la postura no es la más cómoda y pronto ella tiene que llevar sus manos al colchón para no perder el equilibrio, la lengua de Ernesto, aunque torpe, conjuga sus fallos con esas ansias que sabe transmitir. Con un poco de ayuda guiándole hasta su clÃtoris, alcanza su primer orgasmo.
Estoy deseando follarte, le dice nada más acabar. Y él le contesta que le pone mucho follarse a la hermana de su mujer. A mà ni imaginas cuánto, cuñadito, y se besan paladeando sus respectivos jugos. Por la rodilla de Ernesto, tienen que tener algo de cuidado y los par de tirones que le dan a él se lo recuerdan. De todos modos, aunque no follen de pie o a cuatro patas o en alguna postura más audaz, no pueden gozar más de la de ella encima de él, que al cabo de unas tumultuosas y salvajes embestidas avisa a Mónica de que se va a correr y ella quiere que le inunde el coño con su semen, cosa que Ernesto hace encantado, profiriendo alaridos que hasta a él le sorprenden, mientras se aferra a esas mamas que tanto le han encendido.
Por la noche, cuando Paula efectúa la llamada de cortesÃa de rigor, Ernesto se extiende más de la cuenta porque le pone la polla dura hablar con su mujer mientras que su hermana se la está comiendo y también porque cuando cuelguen, volverán a follar como monos.
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